¿Es más rico el que más tiene… o el que menos necesita?
29/10/2012 | Carlos Goga | Sin categoría | No hay comentarios
Hace un año inicié una serie de cambios en mi vida. Mi intención era seguir diferente y no repetir patrones cuyo resultado ya conocía. De entre las preguntas en mi cabeza, una especialmente simple: ¿Quién es más rico? ¿El que más tiene o el que menos necesita? (más…)
Etiquetas: cambio, crisis, cuentos, oportunidad
Prisioneros de nuestras creencias
05/09/2012 | Carlos Goga | Sin categoría | No hay comentarios
Hoy comparto un cuento firmado por Borja Vilaseca para EL PAIS SEMANAL. El cuento, que introducía un magnífico artículo titulado ¡Que CAMBIEN los demás!, decía algo así:
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Un joven rey de un reino lejano se cayó un día de su caballo y se rompió las dos piernas. Aunque médicos buenos no le faltaban, ninguno consiguió que volviese a andar. Fue un grave accidente comentado por todos los habitantes del reino. Desde entonces, el joven rey siempre tuvo que caminar con muletas. (más…)
Etiquetas: 15-M, cambio, crisis, cuentos, indignado, oportunidad
Tu eliges: paro o amor. O la respuesta de nuestra sociedad ante la innovación tecnológica
08/02/2012 | Carlos Goga | Sin categoría | No hay comentarios
Imaginemos una comunidad rural tradicional. Hombre y mujeres viven de la agricultura. Apenas hay excedentes, así que cada mañana, día tras día, se levantan y acuden al campo a trabajar. De sol a sol, aran, siembra o cosechan según la estación del año y el cultivo. Su sustento es el campo. Y al campo se entregan.
Imaginemos ahora que en esa comunidad vive un individuo especialmente curioso e inquieto. Su curiosidad y su inquietud es tal que dedica noche tras noche a desarrollar un ingenio con el que soñó. Un ingenio que ara, siembra y cosecha. Un ingenio que es capaz de realizar él solo todo el trabajo al que se entregan los hombres y mujeres de la comunidad. (más…)
Etiquetas: crisis, cuentos, indignado, innovación
El anciano chino
01/12/2011 | Carlos Goga | Sin categoría | No hay comentarios
Un anciano chino vivía en una pequeña aldea china una sencilla vida china.
Cierto día, se despertó para descubrir que su único caballo había desaparecido. ¡Vaya tragedia!, dijeron los vecinos del pueblo. ¡Tan mayor y sin un caballo con el que trabajar las tierras! ¿Cómo vivirá? Y fueron todos a su casa a compadecerse de él. El anciano chino, al ver aquel gentío delante de su puerta emanando tragedia, simplemente asomó la cabeza y dijo ¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá.
Días más tarde, apareció el caballo desaparecido conjuntamente con una manada de caballos, muchas yeguas y un pequeño potro. ¡Vaya suerte!, dijeron los vecinos del pueblo. ¡Tan mayor y con tantos caballos que nunca más tendrá que trabajar la tierra! ¡Incluso un potrillo que vender! Y regresaron todos a su casa a celebrarlo con él. El anciano chino, de nuevo, asomó la cabeza por la ventana y dijo ¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá.
Cierto día, el hijo varón primogénito del anciano chino montó uno de los caballos y tuvo un desafortunado accidente. El joven se quedó cojo. ¡Vaya tragedia!, dijeron esta vez los vecinos del pueblo ¡Su único hijo varón y no podrá hacerse cargo de él cuando las fuerzas le falten! Y, de nuevo, acudieron todos a su casa para lamentarse antes las noticias. El anciano chino, sorprendido ante aquello, salió esta vez a la calle y dijo una vez más aquello de ¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá.
Con el tiempo, se declaró una guerra china en la provincia china y el ejército reclutó forzosamente a todos los jóvenes. Pero no al hijo cojo del anciano chino. ¡Qué suerte!, exclamaron los vecinos al enterarse. ¡Es el único en el pueblo que cuenta con la compañía y la ayuda doméstica de su hijo varón! De nuevo, los vecinos corrieron hacia la casa del anciano chino para darle la enhorabuena y celebrar con él la situación. El anciano chino, sorprendido nuevamente por aquella celebración, pronunció de nuevo las palabras ¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá.
Etiquetas: cuentos
Alejandro Magno conoce a Diógenes
01/12/2011 | Carlos Goga | Sin categoría | No hay comentarios
Cuando Alejandro Magno llegó a la India, se encontró con un hombre extraño, Diógenes.
Era una mañana de invierno. Una brisa fresca soplaba y Diógenes yacía en la orilla del río, tomando el sol, desnudo. Era un hombre hermoso – de una belleza extraordinaria, como de otro mundo.
Diógenes no tenía nada, ni siquiera un tazón para mendigar. Cierto día, cuando se dirigía a beber agua con su tazón, vio a un perro precipitarse en el río. El perro saltó dentro y bebió - Diógenes se rió y dijo, “Este perro me ha enseñado una lección. Si él puede vivir sin un tazón, entonces ¿por qué no yo?”. Fue así como tiró su tazón, saltó al río y bebió igual que lo hacía el perro. Desde entonces, Diógenes ya no tuvo nada.
Alejandro nunca había visto a un hombre tan elegante, con tanta hermosura… Estaba tan asombrado con Diógenes que se acercó y le dijo “Señor…” Era la primera vez en su vida que decía “Señor” para dirigirse a alguien. Dijo “Señor, estoy inmensamente impresionado por cómo eres y cómo vives, y me gustaría hacer algo por usted. ¿Hay algo que yo pueda hacer por usted?”
Diógenes dijo: “Sólo da un paso a un lado… porque me estás tapando el sol – eso es todo. No necesito ninguna otra cosa”.
Alejandro dijo:” Si tengo otra oportunidad para venir a la tierra, le pediré a Dios que, en lugar de hacerme Alejandro, que quiero que me haga Diógenes”.
Diógenes se rió y dijo,” ¿Quién te impide que eso ocurra ahora? Puedes convertirte en un Diógenes en este momento ¿A dónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos arriba y abajo, en permanente movimiento ¿a dónde vas? ¿y para qué? “
Alejandro dijo: “Voy a la India… para conquistar el mundo entero”
“Y entonces ¿qué harás?” preguntó Diógenes.
Y Alejandro dijo: “Entonces descansaré”
Diógenes se rió de nuevo y dijo: “Estás loco – porque yo estoy descansando ahora y no he conquistado el mundo. No veo la necesidad de hacerlo ¿Quién te ha dicho que antes del descanso tienes que conquistar el mundo? Y yo te digo: si no descansas ahora, entonces nunca lo harás. Alguna cosa u otra siempre quedará por conquistar… y el tiempo es fugaz. Morirás a mitad de camino en tu viaje – todo el mundo muere a mitad del camino”.
Y eso pasó. Alejandro murió a mitad de camino. Cuando estaba regresando de la India, murió en el camino. Y aquel día, Alejandro se acordó de Diógenes. Sólo Diógenes estaba en su mente – él nunca podría descansar en su vida, y aquél hombre descansaba sin más.
Etiquetas: cuentos
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